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“Las FARC no le hacemos mal al pueblo”: Armando Delgado

Este reportaje con un miembro de la dirección del XXI Frente de las FARC-EP, nos da luces sobre la verdadera naturaleza revolucionaria de la guerrilla.

Armando Delgado. Foto Nelosi.

Armando Delgado. Foto Nelosi.

Nelson Lombana Silva

Tanta bazofia que dicen a diario los medios masivos de comunicación contra las FARC-EP choca violentamente con la realidad al encontrarse cara a cara con la guerrilla y, además, hablar con la comunidad campesina e indígena.

Todo ese cúmulo de epítetos se diluye cuando tiene la oportunidad uno como periodista de indagar minuciosamente la realidad concreta, compararla, analizarla, contrastarla y criticarla libremente como dicen los cánones del periodismo.

Realmente llega uno a la conclusión de que los medios masivos de comunicación son máquinas monstruosas puestas al servicio de la ideología dominante, la ideología capitalista. No existen por ningún resquicio las dos caras que toda noticia tiene. En una toma guerrillera –por ejemplo– siempre se dice con sevicia los supuestos daños de la insurgencia, pero no se dice una palabra de las bestialidades de la contraparte. Es como si la guerrilla hubiera peleado consigo misma.

Este reportaje con el comandante Armando Delgado, miembro de la dirección del XXI Frente de las FARC-EP, nos da luces sobre la verdadera naturaleza revolucionaria de la guerrilla de las FARC-EP. Con sencillez, verdadero sabor a pueblo, es decir: sin utilizar palabras ni teorías rimbombantes, el comandante fariano explica la misión histórica del pueblo alzado en armas y las perspectivas que les animan en este proceso de paz que se ha venido concretando en la isla de la libertad, Cuba.

Son 23 años que ha militado en las FARC-EP, entrando a los 15, ante las nulas posibilidades del Estado de brindar educación, salud, trabajo y posibilidades de desarrollarse el pueblo, especialmente campesino. Allá, en el abandonado corregimiento de Gaitán, municipio de Rioblanco (Tolima), tomó la valiente e histórica decisión en 1993, siendo un adolescente.

El mito de que los niños son reclutados por la fuerza y obligados a combatir cae una vez más, por cuanto el comandante Armando Delgado señala que el reclutamiento es todo un proceso consciente y autónomo que la persona asume. “A nadie se trae a la fuerza”, señala. “Nosotros –agrega– venimos a esta organización ante todo para hacer el bien. Nosotros no le hacemos mal al pueblo”.

También se pulveriza esa campaña mediática de que la guerrilla es guerrerista y no sabe sino echar plomo. “Nosotros nunca, nunca, jamás, jamás, hemos dicho que la salida tiene que ser militar. No. Jamás. Las armas para nosotros no son un fetiche”, afirma.

En su lucha predomina el interés colectivo del pueblo sobre el interés particular. Sus propuestas, vulgarmente ignoradas por los medios masivos de comunicación, son todas enfocadas al interés colectivo del pueblo colombiano. “Lo que proponemos –afirma– es el derecho a la vida, el derecho a la salud, el derecho a la educación, el derecho a la vivienda digna, el derecho a la libre expresión. Lo más bonito, subraya: la vida”.

La convicción de la solución política para las FARC-EP no admite duda o discusión. Ella conoce y ha vivido la guerra y sabe que es una desgracia para la humanidad. Por eso insiste con vehemencia en el acuerdo de paz y llama al pueblo, especialmente de la ciudad que a veces se siente distante del conflicto, a asumir una posición clara por la paz. “Lo que queremos es que se ponga fin a este conflicto interno”, expresa.

El reportaje logrado con el comandante Armando Delgado resulta realmente apasionante y aleccionador que deberíamos leer despacio con amplio espíritu analítico y crítico. Esto nos permitiría conocer más la lucha del pueblo y la criminalidad del régimen capitalista que posa de paloma e incluso, de filántropo.

El reportaje de la página web www.pacocol.org es el siguiente:

—Comandante, ¿qué ha significado para usted estar durante todo este tiempo en las filas de las FARC-EP?

—La importancia de uno estar en nuestra organización luchando a cambio de ninguna prebenda personal, sino el beneficio para todo el pueblo colombiano, sobre todo ese pueblo menos favorecido en este país. Es algo muy importante. Nosotros vinimos a esta organización ante todo para hacer el bien. Pienso entonces que el tiempo que llevo de estar en la guerrilla no ha sido perdido porque ha sido la lucha permanente por la emancipación de este pueblo.

—¿Cuánto tiempo lleva, precisamente, en las filas de la insurgencia armada?

—Yo llevo 23 años. Ingresé en el departamento de Tolima, en una región apartada y olvidada por el Estado como es el sur del Tolima, más exactamente en el municipio de Rioblanco, corregimiento Gaitán en 1993.

—¿Cuántos años tenía? ¿Por qué se metió a las filas de la guerrilla?

—Tenía quince años. El motivo de venirme para la guerrilla, primero que todo porque no hubo la oportunidad de la educación, no hubo oportunidad de un hogar debido a la pobreza. Nosotros somos una familia numerosa y no había para todos. Ahí conocí la guerrilla e ingresé a la organización.

—Usualmente se dice que los menores son obligados a hacer parte de la guerrilla. ¿Usted fue obligado?

—No, para nada. A uno le explican con detalles las responsabilidades y compromisos que asume. Además, en la organización tenemos los documentos básicos que son: los Estatutos, el Reglamento de Régimen Disciplinario y las Normas Internas de Comando.

A uno le leen unas normas de reclutamiento y uno acepta voluntariamente los deberes que hay que tener en la organización y, desde luego, los derechos. A nadie se trae a la fuerza. Por el contrario. Antes se le dice a la persona que piense bien las cosas, que esto es duro, que mire lo uno y lo otro. Mejor dicho se le explica bien.

—¿Cómo fueron sus primeros meses, sus primeros años de vida guerrillera?

—Duro. Duro porque uno no está acostumbrado y aquí en la guerrilla es duro. Claro, no es cosa de otro mundo, pero sí es duro, porque uno viene de una sociedad como es la nuestra, descompuesta, el liberalismo en todo orden, entonces llega acá y hay unas normas que hay que cumplir, que no la cumplíamos en la civil porque no le hacíamos caso a papá, a mamá y acá como es una organización, por lo tanto, debe haber orden en todos los campos. Por eso, al principio es duro.

—¿Qué recuerda usted de los primeros enfrentamientos con el militarismo?

—Cuando fuimos a la toma del puesto de policía de Herrera (Tolima), esa fue una de mis primeras experiencias dentro de la organización en lo que tiene que ver en el orden militar. Plomo. Uno no sabía ni qué era lo que estaba pasando. Se copó el puesto de policía. Se recuperaron fusiles, se recuperó platica, uniformes para nosotros, se hizo reunión con el pueblo, se les explicó qué era lo que nosotros queríamos. Les dijimos claramente que nosotros nunca hemos querido la guerra, siempre hemos proclamado la paz, pero la verdadera paz con justicia social.

—¿Se ha movido usted por muchas regiones del país?

—Básicamente he operado en los departamentos de Tolima, Huila, Quindío, un tiempo muy corto por los lados del Cauca y ahora en el Valle.

—Comandante, ¿muchas experiencias?

—Siempre, siempre. Pues uno en 23 años de vida guerrillera hay hartas experiencias en lo que tiene que ver con compartir con el pueblo. Nos hemos movido por zonas prácticamente abandonadas totalmente por el Estado, donde no hay vías, donde no hay escuelas, donde no hay puestos de salud, no hay derechos de que el campesino trabaje la tierrita, totalmente en la miseria. Nosotros le hemos tenido que dar la comidita a esa gente, hemos tenido que regalarles los cuadernitos a los niños para que vayan a estudiar, los zapaticos, el uniforme. Eso básicamente.

—Es decir, ¿la guerrilla no están mala como dicen los grandes medios de comunicación a diario?

—Por supuesto que no. ¿Qué es lo que pasa con nuestra organización? Nosotros nunca, nunca, jamás, jamás, hemos dicho que la salida tiene que ser por la vía militar. No, jamás. Y nosotros no le hacemos mal al pueblo, nosotros lo que le hacemos es un bien. Que ha habido algunas cosas. Pero eso ha sido por fuera de los lineamientos nuestros, eso es porque algún integrante de nuestra organización ha hecho X y Y cosas que hoy en día lamentamos, pero de pronto así ha pasado. En esa dirección, nosotros tenemos que reconocer lo que ha pasado, porque hemos sido víctimas de este conflicto, pero también hemos causado algunas víctimas.

Nosotros lo que queremos para el pueblo colombiano es el bienestar en todo orden, porque la igualdad de derechos, hay mucha gente que le tiene miedo a la igualdad porque piensa que si tú tienes un carro, yo también tengo que tenerlo. No, lo que proponemos es el derecho a la vida, el derecho a la salud, el derecho a la educación, la vivienda, pero la vivienda digna, a la libre expresión y lo más bonito: a la vida. En Colombia no hay derecho a la vida, no ha habido derecho a la vida, porque quien piensa diferente al régimen lo asesinan, lo desplazan, lo encarcelan. Entonces no ha habido esa oportunidad de que el pueblo reclame sus derechos.

Nosotros si es un anciano, si es un niño, cualquier persona que sea, si podemos en nuestras modestas condiciones, porque somos un ejército que venimos del proletariado, medianamente se le ayuda con algunas cosas. La persona está enferma, nos ponemos entre todos con la comunidad para sacarlo, para conseguirle algunos medicamentos en pro de salvarle la vida a esa persona.

—¿Cómo hizo usted para pasar de guerrillero de base a comandante?

—¿Qué es lo que pasa? Aquí, en nuestra organización todo el mundo tenemos el deber de prepararnos, es una obligación de cada guerrillero. Nos da la oportunidad, porque tenemos los documentos, tenemos nuestros comandantes que nos enseñan, tenemos la necesidad de prepararnos. Entonces, básicamente uno va escalando dentro de nuestra organización son con el comportamiento y el cumplimiento de nuestras normas disciplinarias, la subordinación. Nosotros tenemos que ser muy subordinados a las directrices de nuestra organización nacional. Así va uno escalonando y los resultados que vaya dando en el desarrollo de los planes de nuestra organización.

—Comandante, usted ha dicho ahora algo muy importante: En el marco de este proceso de paz, están ustedes dispuestos a reconocer sus errores, sus fallas, para que haya una verdadera reconciliación nacional…

—Por supuesto, tenemos que reconocer y como no solamente hemos estado involucrados los que hemos estado en armas, sino que hay un conjunto, la élite de este país, los gobernantes de este país, la oligarquía de este país, ustedes los medios deben conocer lo que ha pasado, todos, todos. Por eso es tan importante lo de la Jurisdicción Especial para la Paz, por eso es que se le ha puesto trabas en lo que tiene que ver con la jurisdicción especial, porque ahí tenemos que responder todos, todos, por lo que hayamos hecho mal, con razón o sin razón. Por ende, nuestros comandantes y nuestro máximo jefe, el camarada Timoleón Jiménez, el día de la firma públicamente a nombre de las FARC-EP pidió perdón por los errores que hayamos cometido. Ojalá hayamos sido perdonados.

—Comandante, ¿en alguno de los combates ha sido herido?

—En Rovira (Tolima), cuando estábamos allá, fui herido por una esquirla de granada, pero levemente.

—¿Bombardeado?

—Propiamente a mis campamentos no. Han caído las bombas a doscientos metros, pero sí compañeros nuestros los he visto como han quedado: mutilados, prácticamente desaparecidos por las bombas, porque ha sido esa sevicia, ese odio, esa rabia con que se han violado los derechos de una parte del pueblo que le tocó que levantarse en armas, donde ha descargado bombas de 500 libras y cualquier diez o doce bombas, ametrallamiento, mortereo indiscriminadamente poniendo en riesgo a la población civil, los animales, es decir, los intereses de la población civil.

—Comandante, ¿qué espera usted de este proceso de paz que está en marcha en Colombia?

—Lo que esperamos es que por parte del Gobierno, en cabeza del presidente Juan Manuel Santos y su gabinete, coloquen sinceramente todo su interés para que se implementen los acuerdos, porque lo que queremos es que se le ponga fin a este conflicto interno que sufre nuestro país, que lo único que ha dejado son víctimas, odio, rabia. Necesitamos la reconciliación entre todos.

Por eso, algunos pocos que quieren seguir con la guerra me parece que están totalmente equivocados, porque no es el camino correcto, no tenemos por qué nosotros los colombianos seguirnos matando. Hay que buscarle la salida. Pero es que como el proceso necesita de inversión social, entonces a eso es lo que al parecer se le tiene miedo, pero desde que se implementen los acuerdos, nosotros estamos para esa. Es más: Esto de la vigilia nacional por la paz, algo muy bonito, donde nos venimos encontrando todos, sin discriminación de ninguna naturaleza por su condición religiosa. La paz no mira o excluye porque este es evangélico, católico, presbiteriano, adventista, negro, blanco, indígena. La paz es para todos y todas.

—Comandante Armando Delgado, ¿se siente usted ya en una tribuna haciendo política sin armas?

—Estamos preparados y si nos dan la oportunidad hay que hacerlo, por supuesto, porque siempre hemos hecho política con armas. Pero, ahorita, sin las armas, con el poder de la palabra. Ojalá que haya garantías para poder hacer la política sin necesidad de tener que empuñar un arma. Las armas para nosotros no es un fetiche de que tienen que ser las armas, no señor, fue que no nos dejaron otra forma de reclamar nuestros derechos teniendo que empuñar un fusil. Nosotros no nacimos con un arma en las manos, nosotros no somos guerreristas, lo que nosotros queremos es que haya un país que se viva en convivencia buena, porque aquí tenemos muchas riquezas, hay riqueza suficiente para que estos 48 o 50 millones de habitantes que vivimos acá en Colombia, vivamos dignamente.

Las bandas criminales, todos estos grupos que surgen, surgen son por falta de oportunidades, porque no pueden ir a una escuela, no pueden ir a una universidad, no tienen derechos. Entonces, de una u otra forma, buscan buscar la comida y, en el peor de los casos, pues con la ayuda de algunos miembros de la Fuerza Pública, porque no son todos. Hoy, no más, aquí nos encontramos con unos compañeros policías que venían en misión de paz, venían a asegurar la seguridad de unos compañeros que salieron para recibir un curso de monitoreo para lo que sigue ahora en adelante. Nosotros no le tenemos bronca a nadie, nosotros necesitamos la reconciliación con todos.

—¿Ha soñado usted como diputado, representante a la Cámara o senador de la República, comandante Armando Delgado?

—No. Eso no, porque nosotros no es que dejemos las armas e inmediatamente una alcaldía, un concejo, la asamblea o el senado. No, eso no. Para nosotros lo primero es hacer el trabajo con todo el pueblo, con la masa, para que nos organicemos y ahí sí mirar quién puede, prácticamente que dirija, que administre unos recursos que son para el pueblo. Personalmente, no. Primero hay que trabajar, hay que prepararnos, si hay la oportunidad pues bregar a hacer algunos estudios para uno poder ayudar más en este proceso.

—¿Cuál sería su mensaje a la juventud colombiana e internacional que lea este reportaje?

—En general para el pueblo colombiano y todos, que nos unamos, que la paz no es de nadie en particular, sino del pueblo, que la paz es en beneficio de un pueblo, es donde hay desarrollo, aquella verdadera paz con justicia social. El mensaje es a que nos unamos, que apoyemos el proceso de paz, que no dejemos ir esta oportunidad, no hay motivo de que se pierdan cinco años que han sido constantes de parte nuestra y de parte de la delegación del Gobierno, han estado trabajando arduamente para que este proceso llegue a feliz término. Que nos unamos, que hay que exigir la implementación de los acuerdos ya, con la protesta, las movilizaciones y en todo que nos podamos organizar hay que hacerlo en beneficio de un pueblo, en beneficio de los más necesitados.

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