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Las disyuntivas de la paz en Colombia y la solidaridad internacionalista

Darío Fajardo: “Las formas de solidaridad que se desarrollen entre los países del Cono Sur van a ser el terreno para afianzar a América Latina como región de paz”

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Enredando Las Mañanas

Luego de anunciado el cese bilateral del fuego y que la Corte Constitucional autorice la realización de un plebiscito, para validar los acuerdos de paz firmados por las FARC-EP y el gobierno de Juan Manuel Santos, son muchos los interrogantes que se abren en esta nueva fase del proceso que se vive en Colombia. Para intentar responderlos, conversamos con Darío Fajardo, profesor de la Universidad Externado de Colombia, autor del libro Las guerras de la agricultura colombiana e integrante de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, conformada en el marco de los diálogos de La Habana para desentrañar las causas profundas de más de seis décadas de conflicto social y armado en ese país.

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ELM: ¿Qué implicancias tiene este acuerdo final, que supone entre otras cuestiones un cese bilateral del fuego, y qué desafíos plantea para el proceso de paz esta convocatoria a un plebiscito que lo valide?

Darío Fajardo: Tiene muchísimas implicaciones. En primer lugar, yo creo que consiste en un avance importante en lo que han sido los logros, que tienen algunas limitaciones, como es obvio, pero son muy relevantes para el futuro de la sociedad colombiana. Me parece que a propósito del tema de víctimas, está el tema de la justicia, que quedaría incorporado dentro de lo que se apruebe en el plebiscito, si es que se aprueba. Creo que es muy posible que se apruebe, ya que es muy difícil que se configure una oposición al proceso de paz.

Es posible que la participación no sea muy elevada, pero que alcance el umbral del 13% (4.500.000 votos) de los electores, que es el que se fijó como piso mínimo. Es algo que se puede lograr con una adecuada convocatoria, tanto de parte del gobierno como de las organizaciones que apoyan el proceso de paz. Eso es lo fundamental: que se logre avanzar en la refrendación de los acuerdos. A su vez, dentro de estos acuerdos, lo mas importante por ahora es el tema de la justicia, lo avanzado en el tema agrario, en el tema de la participación política, en el tema de la sustitución de los cultivos de uso ilícito, y finalmente en el tema de la dejación de las armas, con todas las implicaciones complejas que tiene esto, como se lo pueden imaginar.

Pero a mi manera de ver, es en primer lugar un avance en cuanto a la refrendación de los acuerdos alcanzados y, en segundo lugar, el hecho de que las fuerzas políticas de verdad se puedan pronunciar a favor de la paz. Sin embargo, no hay que descuidar que existe un sector muy radicalmente adverso a los acuerdos de paz, que lo encabeza el ex presidente Álvaro Uribe y que además tiene el apoyo del procurador de la Nación y de algunos sectores con mucha fuerza a nivel regional, relacionados fundamentalmente con el viejo control terrateniente y con las estructuras del paramilitarismo.

Pero esta es la confrontación que ya se preveía desde el momento en que se inician las conversaciones de paz. Es decir, por un lado un avance, en cuanto a la dejación de las armas para avanzar en la política, y un segundo avance, que es construir un sistema de justicia que no está pensado en castigar, sino en construir una nueva cultura política en el país.

ELM: Mencionaste el paramilitarismo, que ha sido y es un actor trágicamente clave en el conflicto armado en Colombia, que sigue teniendo un poder y una actividad constante en muchas regiones del país. ¿Qué implica la persistencia del paramilitarismo en este contexto del proceso de paz?

DF: El paramilitarismo es una derivación de la doctrina de la Seguridad Nacional, que se viene implementando en Colombia desde los años 50, y esta muy arraigado en el pensamiento y en las instituciones militares. Sería un avance muy grande poder superar la doctrina militar, pero eso no se supera simplemente con declaraciones, sino que tiene que haber hechos positivos muy fuertes, tanto el cambio de doctrina como de la vigilancia especifica y la aplicación de la justicia contra quienes determinan la organización del paramilitarismo.

Ha habido una insistencia muy fuerte por distintos agentes, inclusive del Estado, por encubrir el paramilitarismo, diciendo que ya no existe, que ya son manifestaciones simplemente criminales, pero es muy fuerte el arraigo que tiene en muchas regiones, donde lo que se ha tratado de impedir es el proceso de restitución de las tierras a las víctimas y que avance el proceso de democratización del acceso a la tierra. Son muy fuertes estos procesos de impedimento a la democratización del acceso a la tierra, y me parece que hacia adelante tenemos muchas preguntas por hacer.

Porque el avance de los acuerdos de paz va a implicar que se abra el terreno no solamente para la paz, sino para grandes inversiones de corporaciones transnacionales, que hasta el momento no han avanzado más por el temor de la guerra, y no hay que olvidar que muchas veces estas corporaciones de poder transnacional han estado apoyadas en la acción del paramilitarismo, por eso es que tiene tanta importancia el debate, el control y la superación del paramilitarismo, para construir un futuro de paz cierto en el país.

ELM: Teniendo en cuenta esto último, ¿cuáles son entonces los modelos de paz en disputa en el actual proceso que se vive en el país?

DF: Yo creo que eso muestra la complejidad de la situación política colombiana, porque evidentemente hay sectores que están interesados en la paz viendo única y exclusivamente que se abran condiciones favorables para hacer grandes inversiones.

Inclusive, el mismo gobierno, que firmó los primeros acuerdos por el tema agrario, impulsó una ley que fue aprobada por el Congreso en enero de este año, que es una ley que establece las Zonas de Interés en Desarrollo Rural, llamadas Zidres, uno de cuyos objetos es el de crear zonas libres, zonas francas, es decir zonas en las cuales no se aplican los derechos laborales ni los derechos ambientales. Son verdaderas repúblicas independientes, y esto el gobierno lo presenta como su aporte a la paz; es una cosa muy contradictoria, que muestra las complejidades del proceso.

Por otra parte, hay sectores empresariales que sí están interesados desde una perspectiva muy positiva de construcción económica en que se mejoren los ingresos, los derechos de los trabajadores, porque esto los beneficia desde el punto de vista del desarrollo y el crecimiento económico. Pero también hay sectores que se sienten muy cómodos con las formas de opresión que sistemáticamente se han establecido en Colombia, y consideran que al abrirse la paz se desmantela la oposición armada, y en esa medida van a poder avanzar mucho.

Es un terreno de grandes complejidades el que se le abre al país, por eso nosotros decimos que no se trata de un “posconflicto”, se trata de posacuerdos, porque conflictos vamos a tener muchísimos, la ventaja será que en el futuro estos conflictos no van a tener expresiones armadas, pero van a ser muchísimos, de muchísimas facetas, y de muchísimas implicaciones, no solo desde el punto de vista interno de desarrollo político y económico del país, sino también externo, en la medida en que van a haber grandes intereses que están involucrados en sus inversiones en el país, en los grandes recursos del país, pero también en las relaciones políticas que se se desarrollen hacia el futuro.

Por ejemplo: ¿cómo serán las relaciones capital-trabajo? Esto está en el centro de los debates de la paz.

ELM: Sabemos que no se vive de la misma manera el conflicto armado en los territorios rurales que en las grandes ciudades. En el campo hay una dinámica muy trágica de masacres, de asesinatos, de la violencia como algo fundante, pero también de procesos de resistencia a esa lógica neoliberal desde las comunidades y organizaciones populares. ¿Qué papel tienen territorios en este proceso de paz, como posibles resguardos frente a la otra paz que intenta imponer el empresariado o el imperialismo?

DF: Yo creo que las resistencias campesinas, llámense negras, mestizas o indígenas, todas van a jugar un papel muy importante, siempre y cuando se logre que tramiten las diferencias que tienen entre ellos a nivel local. Es decir, ellos saben cómo resolver las cosas. Sin embargo, creo que lo importante es cómo se proyectan esas formas de resistencia en un proceso de construcción de Estado de abajo hacia arriba. Porque no es un futuro constructivo el que estas comunidades se encierren en sí mismas, sino que tienen que empezar a construir unas relaciones ascendentes, es decir, cómo acceder a los niveles locales, regionales y nacionales del poder.

Porque no se puede pensar en que se profundicen las fragmentaciones, sino que, precisamente dentro de las diferencias, se puedan construir alianzas, pero alianzas por el avance democrático del país. Lo importante es que ese potencial de las formas de resistencia desde los territorios, se proyecte pero con una gran tarea de articulación y de alianzas entre ellos.

Esta es la única forma para que estas estructuras de resistencia territorial, regional, de los campesinos, de los pobres del campo y de los indígenas, pueda proyectarse en la construcción del futuro del país. Es separando y aislando las fuerzas mas adversas, las fuerzas mas vinculadas a los poderes autoritarios y del paramilitarismo, del narcotráfico, como estas estructuras de la resistencia territorial, desde lo popular, desde lo democrático, pueden avanzar y dar un salto cualitativo en la construcción de la nueva democracia.

ELM: Por último, hay una cuestión que resulta fundamental y que consiste en entender que la paz de Colombia es la paz de la región. ¿Qué papel geopolítico y militar viene jugando Colombia en términos del intervencionismo imperial?

DF: Hay tres escenarios supremamente peligrosos, de gran inestabilidad para la región y que es importante tenerlos en cuenta. El primero es de orden militar y tiene que ver con la relación que ha construido todo el sector de la ultra-derecha colombiana en la frontera con Venezuela. Se ha construido todo un sistema con base en el paramilitarismo para practicar un contrabando de extracción de Venezuela hacia Colombia. Se traen bienes que generan grandes dificultades para el abastecimiento interno de Venezuela y esto como una tarea sistemática, no solo bienes, sino también extracción de la moneda venezolana para desestabilizar la macroeconomía de ese país.

Esta es una actividad permanente, que cada vez tiene manifestaciones distintas, pero su eje fundamental es tratar de debilitar con la acción de grupos violentos, como son los paramilitares, muy organizados, con recursos en logística para sacar de contrabando bienes esenciales de Venezuela hacia Colombia. Ese es un frente muy complicado.

El segundo frente tiene que ver con dispositivos militares, que son las famosas bases que tiene EE.UU. en Colombia, y que tienen alcances estratégicos no solo dentro de Colombia, sino frente a Venezuela e inclusive frente al Cono Sur. Es impresionante pero la base central, la base de Palanquero, fue ampliada precisamente para darle capacidad de recepción y operación a grandes transportes estratégicos, que pueden alcanzar Tierra del Fuego sin recalar en escalas. Esto es un riesgo para la región.

Y también me parece importante señalar el papel que juegan los sectores dominantes en Colombia, en la restauración de la idea del ALCA, ahora con el Tratado del Pacífico. Colombia busca jugar un papel de liderazgo en esa zona, se había aminorado, pero en el nuevo escenario se puede reconfigurar esa capacidad de desestabilización, que esta afectando a lo que ha sido el esfuerzo unificador de América Latina.

Entonces, me parece que resulta fundamental el proceso de paz y lo que se logre, no solamente con la firma de los acuerdos, sino de lo que viene en seguida, porque estamos ante la urgencia de configurar un proceso constituyente muy de fondo en el país, y solamente esto va a permitir reconfigurar las correlaciones de fuerza y de esa manera superar, al menos en el corto y mediano plazo, las condiciones que amenazan desde Colombia la estabilidad de la región.

Por ultimo, hay que señalar el papel que ha pretendido jugar Colombia dentro de la alianza atlántica. Esto frente a las situaciones nuevas en América Latina no podemos descuidarlo. Yo diría que la alianza democrática de nuestros países es fundamental, las formas de solidaridad que se desarrollen entre los países del cono sur, superando las dificultades que tenemos en este momento, van a ser el terreno para afianzar América Latina como región de paz.

ELM: Precisamente en unos minutos vamos a estar conversando con una compañera que va a hacer parte de una brigada de salud internacionalista a Colombia.

DF: Es muy emocionante la noticia que me dan, de estas nuevas brigadas internacionales que se configuran a favor de la paz en Colombia.

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En el programa Enredando las Mañanas, dialogamos también con Lucía Paladino, integrante de la Brigada Internacionalista de Salud y de la Confluencia MPLD-MTK, conformada en Argentina por mujeres de esta organización, así como de Patria Grande y Seamos Libres, e impulsada por el Movimiento Político y Social Marcha Patriótica, que viajará a Colombia como parte de un proyecto de formación mutua con comunidades campesinas, para la asistencia y construcción de una salud popular, durante todo el mes de agosto.

ELM: ¿Cómo se construyó la iniciativa de una brigada internacionalista?

Lucía Paladino: Fuimos invitadas por Marcha Patriótica, con el objetivo de convocar a agentes de salud, tanto médicos y médicas como profesiones aledañas a la salud como es psicología, para crear una brigada que consiste no sólo en lo asistencial, que hace mucha falta en diversos territorios de Colombia, donde existe cerca de un 60% de población campesina, y el 80% no tiene acceso a la salud ni a la educación pública. En ese contexto de necesidad se crean estos grupos de brigadas.

En este caso somos siete brigadistas mujeres que viajamos de distintas organizaciones con el objetivo de dar una respuesta a esa necesidad y de aportar a la creación de una organización que pueda construir y mantener una salud más popular, un empoderamiento de la población de distintos territorios, que exijan una respuesta concreta a esto por parte del Estado, que es quien debe encargarse, pero que a la vez tenga las herramientas para dar pequeñas respuestas antes las cosas más urgentes.

ELM: ¿Cómo piensan la salud desde las organizaciones populares?

LP: La gran diferencia es que la construcción de saberes populares no se hace de manera unidireccional, sino a partir de una fusión de los saberes tanto de la comunidad como de lo que podemos llegar a convidar desde la universidad, y que lo más importante es crear conciencia de la opresión que sufrimos al no tener acceso a la salud, de la desigualdad social que se vive hoy en cuanto a la salud. Crear saberes populares, promotoras y promotores de salud como tenemos en la ciudad de Buenos Aires en el Bajo Flores, que allá le llaman cuerpos de salud de atención primaria, que haya agentes de salud por barrios, por manzana, por comunidad, que puedan dar las respuestas y empoderarse entre ellos, dar las respuestas que no son dadas desde el Estado.

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