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“No cambiaremos el fusil por una cacerola”

En la biblioteca Nacional se encontraron Mujeres por la paz, Ciudadanas autónomas, Un millón de mujeres, procesos en las localidades de Bogotá, Mujeres Unión Patriótica, Marcha Patriótica, Partido Comunista Colombiano y mujeres insurgentes desde La Habana, estas últimas vía Skype.

Aspecto del encuentro de mujeres. Foto Renata Cabrales.

Aspecto del encuentro de mujeres. Foto Renata Cabrales.

Jéssica Ramos

El pasado 19 de julio se celebró la conversa: Hablemos de los acuerdos de paz entre mujeres. Un diálogo con las insurgentes, ellas le llaman así, que pretendía incorporar mujeres con todo tipo de perspectiva de género, social y política. Como bandera de unidad: la paz en Colombia. Una conversa que desde sus numerosas ideas combinaba la conciencia de género con la esperanza de la paz. Una paz con justicia social.

En la biblioteca Nacional, en el auditorio Aurelio Arturo, se encontraron Mujeres por la paz, Ciudadanas autónomas, Un millón de mujeres, procesos en las localidades de Bogotá, Mujeres Unión Patriótica, Marcha Patriótica, Partido Comunista Colombiano y mujeres insurgentes desde La Habana, estas últimas vía Skype.

Un maravilloso espacio que en definitiva sigue contribuyendo a una paz que respete la diversidad, que inste la memoria histórica y que persiga los sueños tercos de millones de seres humanos nacidos en este territorio.

Y aunque inicialmente el factor técnico jugó una mala pasada fue posible establecer una charla viva, linda y esperanzadora con las insurgentes, desde la isla. Victoria Sandino y Manuela Marín. Un par de mujeres con apariencia sencilla pero hermosa, abiertas al diálogo y a la construcción heterogénea. Y aunque los sustantivos sobren, su perspectiva entrelaza sueños y revolución, alegría y recuerdos, tristeza y llanto.

“No estamos dispuestas a cambiar el fusil por una cacerola” así lo afirmó Sandino cuando una asistente al espacio preguntó por su nueva revolución. Sandino con tono firme y gentil dejó claro que la revolución sigue siendo la misma: un país con justicia social; a lo que Marín comentó: “Cambiamos la táctica, no la estrategia”. Un momento político que seguro quien sueñe con un país más digno estaría alegre, como lo estaban las insurgentes.

Hubo gran variedad de temas dentro del espacio: paz, revolución, lucha armada, guerra, el papel de la mujer en el posconflicto, violencia sexual, acuerdos en La Habana, derechos de las mujeres, verificación de los acuerdos.

Es innegable que un espacio histórico como este genere sentires, pensamientos, ideas e ilusiones. Todas disímiles y hasta divergentes. Pero es que ese es el camino: la paz. Por lo que tantas generaciones han luchado, resistido y dado la vida.

Es ese dúo el que lidera la construcción de la Subcomisión de género, creada el 7 de julio del 2014, pero es hasta el 7 de septiembre de ese mismo año que se instaló en La Habana.

Así las cosas y teniendo en cuenta que es la primera vez que existe en el mundo una comisión de mujeres en un proceso de paz. Es preciso decir que el alcance de la mujer como sujeto político y transformador en Colombia no necesita permisos. Y así quedo claro ese martes, un evento que se desarrolló sin permiso.

La táctica utilizada en La Habana es una subcomisión que implemente, desarrolle y reivindique inicialmente la verificación de las mujeres en los acuerdos. Las diferencias poblacionales, así también que garantice la implementación de género, que posibilite la ampliación de los derechos de las mujeres colombianas, la creación de una mesa técnica para la incorporación con representantes de todas las organizaciones y la materialización de las voces de las mujeres afro e indígenas.

En conclusión un espacio con alcances insospechados. Donde el papel de la mujer sea el de empoderarse de un momento crucial para un cambio real en la estructura social, política y económica de un país. Personalmente es un gusto saludar y defender un espacio que será uno de los primeros pero no el único en Colombia. Donde la conversa identifique que todas somos valiosas pero donde dejemos claro que nuestra revolución, la de las mujeres de a pie está en la cama, en la calle, en el congreso y en la misma esencia de un país.

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