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FARC, desde el Yarí: “El Estado debe cumplir lo que acordó”

La guerra quedará atrás, como los bombardeos, las barricadas, el dolor que produce la muerte. Ahora la lucha se transforma y las FARC están preparadas para ello

Laura Vega en los llanos del Yarí.

Laura Vega en los llanos del Yarí.

Helena Penagos

Con la desconfianza propia de una guerrilla que lleva algo más de 52 años en la clandestinidad, conspirando en función de la construcción de nuevos imaginarios distintos a la exclusión y explotación en que el Estado nos tiene casi acostumbrados, se encuentra una de las muchas insurgentes, llamada Laura Vega. Responde a VOZ con la mayor prudencia, contemplando su fusil, convencida de que dentro de muy pronto esa arma dejará de ser su mejor instrumento para el combate, ya que después, será reemplazado por una tribuna, o un aula, o la gran ciudad de donde salió después de terminar la carrera de ingeniera química, para ingresar a la filas de las FARC-EP.

–Laura, cuéntenos qué la motivó a ingresar a la guerrilla, siendo una profesional?

–Las FARC-EP no está integrada solamente por campesinos, por compañeros o compañeras sin formación profesional, aquí hay médicos, ingenieras, historiadoras; esta es una verdadera academia, varios de nuestros combatientes ingresaron a nuestras filas sin saber leer y hoy son médicos formados en nuestras escuelas guerrilleras. En mi condición de organizadora en el bloque comandante Jorge Briceño, ejerzo mi profesión, como combatiente, educadora y soy parte de un equipo de organización.

–¿Qué le corresponde organizar?

–Para nosotras las revolucionarias es fundamental contar con el apoyo del pueblo, sin él no sería posible que hubiéramos resistido todos estos años. Nuestro movimiento se fundó el 17 de mayo de 1964, nos tocó tomar el camino de las armas, para defender la vida. La violencia se agudizó desde el mandato del presidente Guillermo León Valencia, y desde entonces empezamos a pensarnos que para enfrentar al enemigo teníamos que convertirnos en un ejército del pueblo hasta alcanzar los cambios que necesita Colombia, partiendo del legado que nos han dejado heroínas como la Gaitana, Estefanía Parra, y revolucionarias como la camarada Mariana Paz, María Cano y muchas mujeres que nos enseñaron que la vida sin dignidad no es nada.

Por eso es fundamental avanzar en la organización del pueblo, lograr interpretar sus ideales, y mutuamente tener el apoyo, pues es la única manera que conjuntamente se construye una patria nueva. Aquí le enseñamos al campesinado no solamente lo ideológico, sino que contribuimos a elevarle sus conocimientos para que ellos aprendan a conocer sus derechos y en esa medida los defiendan.

Las FARC desde su fundación han trazado líneas para ayudar a organizar los distintos sectores de la sociedad, porque no solamente estamos en el campo, sino también en las grandes ciudades, donde priorizamos a los y las jóvenes que serán el futuro de este gran propósito; en ocasión a los diálogos que estamos discutiendo en La Habana, los socializamos con la población en la que tenemos injerencia, es la prioridad, al mismo tiempo nosotros estamos aprendiendo.

–¿Por qué escoger el camino de la guerrilla, si lo que hace ahora lo hubiera podido hacer desde la vida civil?

–Sí, yo soy nacida en la ciudad, estuve vinculada al movimiento estudiantil y desde allí fortalecí mi formación académica y política y lo que más me motivó fue la lucha de las mujeres, y en la medida en que iba comprendiendo la importancia de ser una mujer formada en la política, deconstruyendo la cultura burguesa, me doy cuenta, que estos cambios no se puedan hacer desde el movimiento estudiantil o desde las organizaciones de mujeres, o mejor desde las vías legales, ya que cualquier cambio que se pretenda hacer significa la aniquilación de las personas o movimientos y partidos políticos.

Por eso es que en los diálogos se ha propuesto la Comisión de la Verdad, para que se abran los archivos secretos, para que el mundo sepa quiénes han sido los culpables del genocidio en Colombia contra la oposición política, de eso hay muchos ejemplos, el que se ha visibilizado más es el de la Unión Patriótica.

El número de sindicalistas, estudiantes, campesinas y campesinos asesinados, es uno de los más grandes en Latinoamérica, y a los que no podían matar, los encarcelan y hoy se encuentran pagando condenas muy largas con montajes y testigos falsos, hay desaparecidos y desaparecidas, el despojo de los territorios es enorme son alrededor de siete millones y la mayoría son mujeres niñas y niños, de manera que no fue una equivocación tomar el camino de las armas.

–¿Sintió miedo de que la asesinaran por ser una dirigenta estudiantil?

–Indudablemente que sí, eso es angustiante y la vida está por encima de todo, desde luego que quienes han muerto por darnos la libertad seguirán siendo nuestros héroes y heroínas y por ello la memoria es una de nuestras metas, para que nunca más se vuelvan a repetir estos genocidios. Si me hubiera quedado en la ciudad sería una más de la compañeras que han muerto por culpa del régimen.

–¿Cómo conoció la guerrilla?

–Estando en la universidad inicié su búsqueda, aun cuando los medios de comunicación no dejaban de llamarlos bandidos y terroristas, pero igual pasaba con el movimiento independentista, a Policarpa Salavarrieta la decapitaron siendo muy joven junto con muchas mujeres y hombres, pero de nada les sirvió, la historia nos ha demostrado que entre más indolente sea el enemigo, más próxima está la libertad. El enemigo de clase se equivoca, cuando piensa que utilizando el terror puede eliminarnos a los y las luchadoras. Entonces yo consideré que el camino más viable para concretar mis ideales era la guerrilla y tomé la decisión de ingresar después de terminar mi carrera de ingeniería química.

–¿Por qué no ejerció su carrera y desde allí contribuyó a educar al pueblo?

–En mis condiciones era imposible entrar a una empresa a ejercer mi carrera, pues la explotación no es solo a los obreros rasos, sino a todos los niveles, Colombia es uno de los países más desiguales de Latinoamérica, tiene el 14,6 millones de pobres y 4,5 millones de indigentes, es un verdadera vergüenza, mas cuando contamos con recursos naturales muy importantes pero hoy están en manos de los megaproyectos y al pueblo no le toca ni las migajas, entonces cómo cree usted que me iba a quedar en la ciudad, viendo la indolencia de la burguesía, había que combatirla con las armas. Porque de lo contrario todos moriríamos de inanición, es el apoyo del pueblo y la fuerza de nuestro movimiento que hizo posible que llegáramos a los diálogos en La Habana.

–¿Qué piensa hacer ahora que ustedes dejen la lucha armada?

–Continuar con nuestra batalla hasta alcanzar una verdadera paz, la agenda que se negocie hay que concretarla en los hechos y conociendo esta burguesía como la conocemos, ellos no van a cumplir y si nos quedamos con los brazos cruzados, los acuerdos podrían correr el riesgo de ser “un canto a la bandera”. De manera que se hace necesaria la unidad de todos y todas para defender los acuerdos, lo que significa que después de nuestra transformación a la vida civil la urgencia inmediata es hacer parte de un gran bloque de poder que haga posible eliminar las causas por las cuales tomamos las armas.

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