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FARC: “Tarde o temprano llegamos a una constituyente”

Entrevista con el comandante Bayron Yepes, del Bloque Jorge Briceño, desde los llanos del Yarí.

Bayron Yepes.

Bayron Yepes.

Redacción Política

Los llanos del Yarí están ubicados al sur de la Sierra de la Macarena, tienen una extensión aproximada de 364 mil hectáreas. Es una sabana natural, se encuentra al pie del monte andino, la selva Amazónica y la llanura orinocense. En esa región se preserva una gran fauna y flora. Allí habitan cabildos indígenas, colonos y es de total dominio de las FARC-EP.

VOZ ha tenido la oportunidad de llegar hasta este exótico lugar, conversar con uno de los comandantes, al que los medios de comunicación lo presentan como un hombre rudo del oriente. Sin embargo, al entrar en conversación con él, se percibe la amabilidad propia de un ser. La presencia de una patrulla del ejército, que se acerca al campamento, no lo desconecta de su tranquilidad.

–Antes de hablar de los grandes problemas de la política y de la vida del país, cuénteme, ¿quién es Bayron Yepes y cuál es su cotidianidad, en la vida de la guerrilla?

–Soy integrante de las FARC-EP desde hace muchos años, soy un profesional, estoy al frente del Comando Bloque Jorge Briceño, encargado de la comisión de organización, en estos momentos estamos dedicados a estudiar con nuestras tropas y desde luego con los campesinos para lograr comprender la compleja agenda que se está discutiendo entre el Gobierno colombiano y nosotros.

Nuestra cotidianidad se basa en realizar las labores propias de un ejército que aspira al poder, mientras el cese bilateral no se firme, quiere decir que estamos en alerta con respecto al contendor. A pesar haber decretado el cese unilateral al fuego, el hostigamiento es permanente, valga decir que según el propio Presidente, la muerte de civiles se ha reducido en un 92% y la fuerza pública en un 95%, a partir de silenciar los fusiles de nuestra parte y ese es un elemento que valoramos profundamente porque amamos la vida.

–En esta etapa de relativa calma ¿a qué se dedican?

–Hablar de calma en estos territorios no es tan cierto, en el día de hoy me informan que una patrulla del Ejército viene acercándose a nuestro campamento y lo primero es no dejarnos provocar, porque de lo contrario es poner en peligro los diálogos. El Ejército, permanentemente, nos está asediando, quieren hacer de la guerra un negocio, y se apoyan en algunos medios de comunicación, para distorsionar la realidad.

–¿El ruido de las bombas puede perturbar La Habana?

–De nuestra parte no, para eso nos sentamos a dialogar. Nosotros estamos convencidos que con la ilusión del pueblo no se juega. Comprometidos en pasar los altibajos que se puedan presentar. Cuando de mentiras se trata que sean ellos, la contraparte, las que se las diga al pueblo colombiano.

–¿Todo indica que estamos muy pronto del fin de la guerra?

–En los anteriores procesos de negociación, el establecimiento los utilizó para rearmarse y conformar grupos de apoyo a la sombra, hicieron abortar cualquier propósito de paz como ocurrió con la Unión Patriótica, pero las anteriores conversaciones también nos han dejado grandes experiencias y por eso en esta etapa se le han añadido ingredientes, que de alguna manera den confianza al cumplimento, como es el acompañamiento internacional, con países garantes, una Comisión de la Verdad, una Justicia Especial, el reconocimiento a las afectaciones de las víctimas y la comisión de verificación para combatir el paramilitarismo.

Los seis puntos se han ido nutriendo por los aportes que han hecho las organizaciones sociales y políticas, el pueblo está mucho más apropiado de los temas, a pesar que las conversaciones se estén realizando en otro país, tenemos plena confianza que las cosas salgan bien, y que poco a poco iremos aclimatando la reconciliación.

–¿Todo se ha dado?

–Hay un elemento que no es de subestimar y es que los Estados Unidos, junto con la oligarquía colombiana, comprendieron que la guerrilla de las FARC es invencible, por tanto la salida al conflicto social y armado es la negociación. Como lo decía nuestro comandante Jacobo Arenas en las negociaciones con Belisario Betancur, el Ejército no ha podido vencernos y nosotros tampoco, es una verdad de a puño.

¿Quiénes son los que mueren? Los hijos del pueblo, porque los hijos de Uribe, por ejemplo están dedicados a los grades negocios, ningún hijo de un rico viene a estos lugares inhóspitos. El gobierno de Uribe puso plazo para acabarnos y precio a nuestras cabezas, estuvo ocho años y los resultados fueron masacres, desapariciones, presos, un Plan Patriota, que solo sirvió para incrementar la corrupción al interior de sus fuerzas amadas.

–De los procesos de paz ¿cuál fue el que les dio más experiencia para negociar?

–Todos, pero los diálogos del Caguán fueron el preámbulo, para la Agenda de La Habana, en esos cuatro años de negociación, las FARC vislumbraron en su justa dimensión el grado de desigualdad de nuestro pueblo, allí llegaron propuestas de las mujeres, de los campesinos, de las juntas de acción comunal, del movimiento obrero, indígenas y afrodescendientes, estos extensos puntos se condensaron para construir la agenda que hoy está en la mesa de La Habana.

–¿Cómo garantizar el cumplimiento del primer punto de la agenda?

–Con una reforma agraria de desarrollo integral. No puede ser posible que el 80% de la tierra esté en manos del 10% de los propietarios, por eso se consigna el enfoque diferencial, para que allí estén las mujeres, los indígenas, los afrodescendientes, campesinos, opciones sexuales, en una sociedad multicultural, pluriétnica. Es decir estamos planteando el desarrollo clásico de las fuerzas productivas, porque todavía hay relaciones de producción de tipo feudal y esclavista.

Es que hay que ver cómo se hicieron a estas propiedades, el informe de la comisión de las causas de la violencia en Colombia, dice que la mayoría de tierras las adquirieron a través del despojo y del desplazamiento, la garantía del cumplimiento de los acuerdos es definitivamente la unidad que se pueda construir alrededor de los puntos de la Agenda, acompañados de la acción política, para hacer respetar lo pactado.

–Cuál es la acción pertinente para ratificar los acuerdos?

–Desde un principio las FARC hemos sostenido que la ratificación de los acuerdos está en manos del constituyente primario a través de una asamblea nacional constituyente. Si el Gobierno se resiste, tarde que temprano tendremos que llegar allá, el país ha cambiado y en una sociedad contemporánea en la que estamos viviendo, los cambios tienen que ser estructurales, la Constitución del 91 no representa ya los intereses del pueblo. Por fortuna dentro de lo acordado, está el blindaje jurídico que garantiza que el mandato popular cualquiera que sea, los acuerdos entran al Bloque de Constitucionalidad, sin temor a que sean reformados al capricho del gobierno de turno.

–¿Hay voluntad por parte del Gobierno para combatir el paramilitarismo?

–Si no hay voluntad política para exterminar estos grupos que están fuertemente conectados con el poder oficial, sobre todo con el latifundio, le aseguro que no habrá paz, no es un secreto que la alta oficialidad del ejército está conectada con el paramilitarismo, no estamos diciendo que hay que acabar con el ejército, lo que estamos planteando es que haya una transformación del ejército, que combine su doctrina, que no vea a los luchadores sociales como parte del enemigo interno.

–¿Qué diferencia hay entre la entrega de armas y la dejación de armas?

–Lo primero es que las armas en si, no son el problema, lo segundo es que si no hay una causa que imponga su utilización, pues obvio que no se deben utilizar, nosotros no estamos en la guerra porque nos guste la guerra. Esta nos la impusieron, y lo tercero es que no es digno de combatientes entregar las armas al contendor y lo cuarto es que no estamos vencidos, estamos negociando entre iguales. Por eso las armas irán a manos de un tercero.

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