2

Retrocesos, potencialidades y perspectivas en América Latina

Ponencia presentada por el Partido Comunista de Cuba en el Seminario Internacional “Los Partidos y una Nueva Sociedad”, XX edición, celebrado en México a instancias del PT mexicano.

Luiz Inácio Lula da Silva ante una concentración de respaldo al gobierno del PT en Brasil.

Luiz Inácio Lula da Silva ante una concentración de respaldo al gobierno del PT en Brasil.

La coyuntura política latinoamericana al comenzar este 2016 muestra cambios significativos respecto a años anteriores. Los reveses electorales de la izquierda y el progresismo son sin dudas relevantes al permitir que las oligarquías locales recuperen importantes espacios institucionales, además por sus efectos negativos en el orden ideológico y simbólico.

El control del gobierno federal en Argentina por parte de una coalición de partidos conducida por los sectores más derechistas, planea instalar una versión recargada del neoliberalismo de los años 90.

Por su parte, la derecha venezolana puede actuar ahora desde un espacio estatal como la Asamblea Nacional, a lo que se suman las acciones subversivas y la guerra económica. Se encuentra en mejores condiciones para articular una estrategia dirigida a socavar la revolución bolivariana.

La izquierda y el progresismo colombiano, en momentos que parece más cerca que nunca la concreción de la paz, pierde ahora el gobierno de Bogotá, la localidad más importante del país.

La victoria opositora en el referéndum en Bolivia devela claramente que la guerra contra el progresismo y la izquierda son de naturaleza esencialmente política y que no basta con notables avances en el terreno socio económico.

Las derrotas suelen tener un impacto desmoralizador y lamentablemente abona a procesos de fragmentación de nuestras organizaciones, degradando la conciencia política acumulada, donde nuestros pueblos han avanzado un amplio trecho.

El incipiente y prometedor proceso de integración nuestro americano, obstáculo para el ejercicio de la hegemonía imperial en la región, será duramente cuestionado y de ser posible desvirtuado, alentándose por el contrario la incorporación a las actuales formas de dominación imperial implícita en la Alianza del Pacífico y el TPP.

Asimismo favorece las teorías sobre el supuesto “fin del ciclo progresista”, que en rigor coincide con el discurso de estas derechas y del enfoque imperialista sobre lo efímero de las experiencias de cambios en la región, pasando por alto la dialéctica de la política y la capacidad de recuperación de las fuerzas y movimientos sociales proclives a dichos cambios.

Lo simbólico está también en el talante autoritario de estas derechas, coherente con las medidas y proyecciones neoliberales. Hay autoritarismo en la actuación de los grandes medios de comunicación para adormecer las conciencias y en la decisión de invisibilizar la historia patria.

Es obligado insistir que los avances de la derecha continental no responden a que súbitamente representan una alternativa popular, sino porque han apelado a la estafa de las voluntades electorales mediante el acoso mediático, la distorsión de la verdad y el virtual chantaje a los ciudadanos.

Esa derecha ha contado con el apoyo decidido del Imperialismo bajo la modalidad de una contraofensiva articulada a nivel internacional, denunciada reiteradas veces. Por eso en nuestra opinión no puede pensarse en un programa y una acción de izquierda sin que sea inevitablemente antiimperialista.

La sumatoria de estos factores pero sobre todo nuestra limitada capacidad de disputar la preeminencia ideológica del imperialismo explica en buena medida los retrocesos electorales.

La dimensión cultural de esta confrontación alcanza por tanto niveles inéditos. En ese terreno tenemos muchas fortalezas y nuestra historia está plagada de experiencias de resistencia emancipadora que no siempre hemos podido o sabido aprovechar.

También es obligado comprender las limitaciones de carácter estructural e internacional que debemos enfrentar, como los efectos de la crisis económica global de largo aliento o el tener que actuar en los marcos de un sistema político diseñado para prolongar los privilegios de las oligarquías subordinadas al imperialismo y no para acometer profundos cambios sociales.

¿Qué hacer?

Varios análisis han abordado los errores que se han cometido sin embargo toca a cada cual sacar las experiencias pertinentes, recordando que la auto critica siempre es revolucionaria, cuando es sincera y transparente, hecha en el lugar y el momento adecuado.

Los desafíos son enormes y la realidad se muestra adversa, pero nuestra primera tarea debería ser evitar la desmovilización de nuestras fuerzas políticas y movimientos sociales.

En nuestra opinión estos reveses no deben servir para argumentar contra la viabilidad y pertinencia de los procesos progresistas. Si hubieran sido funcionales a los intereses imperiales, ¿cómo explicar que son blanco de la mencionada contraofensiva?

En ocasiones la correlación de fuerzas no favorece los cambios, lo que nos recuerda crudamente que no siempre lo que se quiere es lo que se puede. Obviamente debemos proponernos la modificación de esta realidad con proyectos de articulación política más eficaces, pero desde luego ello no implica postergar la acción o paralizarnos en espera de tiempos mejores.

De allí que consideramos por ejemplo, que las fuerzas progresistas y de izquierda que conducen los procesos deben descartar la idea de abandonar eventualmente el control del gobierno, suponiendo que un supuesto y esperable fracaso de las autoridades derechistas nos catapultará de nuevo al poder.

Un asunto de vital importancia tiene que ver con la necesidad de la unidad de la izquierda. Es cierto que se verifican grandes esfuerzos pero convengamos que son muchos los contra tiempos y fracasos en este terreno.

Esa unidad es la garantía del triunfo y de la sostenibilidad de nuestros proyectos; es lo que trasmite la experiencia de la Revolución cubana. Naturalmente no hay ni puede haber una fórmula única, existen tantas posibilidades como situaciones políticas y momentos históricos concretos.

Sin embargo la experiencia indica que un paso ineludible, creador e inspirador, es la elaboración de un programa político, que analice el presente que se quiere transformar y proponga el futuro que se quiere construir. Explicar el futuro aclara los alcances de la utopía y puede revolucionar la mente de los jóvenes, tan necesarios para estos empeños.

Con el programa político se tiene la herramienta para convocar y para movilizarse e incluso para elegir cabalmente los que lideraran los procesos de cambio. Por fuera del programa político, debidamente consensuado, solo quedarán los proyectos individuales.

Debemos ser creativos y ofensivos en la determinación y convocatoria del sujeto social de los cambios que no debería reducirse a nuestra base social natural, los llamados sectores populares.

Los acontecimientos imponen también la necesidad de una política direccionada hacia las denominadas capas o clases medias, sobre todo cuando muchas de estas personas deben su ascenso social justamente a las políticas desarrolladas por los procesos progresistas. La realidad demuestra que la prosperidad económica, sin formación ideológica, puede producir paradójicamente adversarios políticos.

Integración y concertación política regional, más necesarias que nunca

En esta coyuntura se hace más pertinente y decisiva la solidaridad y el fortalecimiento de la integración de América Latina y el Caribe porque de ella depende la supervivencia de nuestra soberanía. Justamente consideramos que esa integración constituye el blanco de ataque principal del Imperialismo y sus servidores en la región.

Por ello, los espacios de articulación política e integración como el ALBA, Unasur y Caricom por solo citar algunos, son instrumentos fundamentales para defender los procesos progresistas y enfrentar los planes imperiales.

La Celac en particular constituye un objetivo estratégico al ser el ámbito de coordinación política e integración más abarcador. Cuenta con la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, documento histórico que convoca a la unidad en la diversidad.

Por su parte la izquierda latinoamericana debe fortalecer los espacios de concertación como son el Foro de San Pablo, la ELAP o este propio Seminario Internacional “Los Partidos y una Nueva Sociedad”, que ahora celebra su XX edición.

Es recomendable aprovechar estos momentos para despojarnos de la auto complacencia y del debate limitado al diagnóstico; es la hora de proponernos avanzar en el intercambio de experiencias que sirvan para el lanzamiento de acciones más contundentes de solidaridad y apoyo a nuestros pueblos.

Postura de Cuba en la actual coyuntura

Hay que recordar que Cuba seguirá construyendo el socialismo refrendado y apoyado a costa de grandes sacrificios por la inmensa mayoría de su pueblo.

Asimismo, en los marcos del proceso de relacionamiento con EU, reiteramos nuestra disposición a enfrentar los desafíos y las oportunidades implícitas, sin negociar jamás nuestro sistema social, la soberanía y la independencia.

En ese sentido la política exterior de la Revolución cubana seguirá siendo fiel a sus principios. Continuaremos defendiendo sin descanso las causas justas y los intereses de América Latina y el Caribe como el mencionado proceso de integración.

La revolución bolivariana en Venezuela, los procesos de cambio en Ecuador y Bolivia, así como el gobierno de Dilma y el PT en Brasil y otros procesos progresistas pueden contar con nuestra más absoluta solidaridad.

En igual sentido, la izquierda y el progresismo en nuestra región tuvieron y continuaran teniendo en la Revolución cubana su más fiel acompañante en las luchas por venir.

Fuente: Resumen Latinoamericano

rpm45net

test

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *