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Camilo Torres Restrepo, el “cura guerrillero”

El más importante legado de Camilo Torres Restrepo fue la creación del Frente Unido, al cual se vinculó, desde su fundación, el Partido Comunista de Colombia como se llamaba entonces.

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Carlos A. Lozano Guillén

El 15 de febrero de 1966 en el área rural de Patio Cemento, municipio de San Vicente de Chucurí, Santander, Camilo Torres Restrepo, incorporado tres meses antes a las filas del Ejército de Liberación Nacional, fue abatido en su primer combate con el Ejército de Colombia cuando en un acto audaz quiso recuperar el fusil de un soldado muerto por el fuego guerrillero. La noticia fue difundida dos días después por las emisoras, y el diario El Tiempo publicó la primera foto del cuerpo inerte del carismático sacerdote. De inmediato las protestas estudiantiles y de pobladores de barrios populares se hicieron sentir.

Camilo, el “cura guerrillero”, como se le conoció después de su sacrificio revolucionario, movilizó a las masas populares en la década de los años sesenta del siglo pasado, con un proyecto de transformación democrática y avanzada, antiimperialista y antioligárquico que se llamó “Frente Unido”.

En Bogotá el mediocre presidente Guillermo León Valencia, segundo mandatario del Frente Nacional, el mismo que aceptó el Plan Lasso imperialista contra Marquetalia y otras regiones agrarias del sur del país, lo celebró con cínicas palabras: “Encuentro completamente normal lo que ha ocurrido; Camilo Torres prefirió morir matando que vivir sirviendo a sus conciudadanos”. Otro tanto hizo la alta jerarquía eclesiástica con destemplados comunicados y declaraciones.

El entonces coronel Álvaro Valencia Tovar, a la sazón comandante de la Quinta Brigada con sede en Bucaramanga, recibió la noticia con satisfacción. Sin embargo, escribió artículos y libros en donde demerita la acción política y guerrillera de Camilo. Descalificó con epítetos y groseras expresiones la biografía de Walter J. Broderick: “El fantasioso seudobiógrafo de Camilo, detalla con más fantasía que veracidad la relación con los integrantes del ELN”, dice el oficial. Valencia Tovar califica a Broderick, ex sacerdote, de “monseñor australiano”.

Años después, ascendido a general, Valencia Tovar, director de la Escuela Militar de Cadetes, fue víctima de un atentado del ELN, del cual salió ileso y con una leve herida en la nalga derecha.

La vida de Camilo

Jorge Camilo Torres Restrepo, como era su nombre de pila, nació en Bogotá el 3 de febrero de 1929, en el hogar de “clase media-alta” formado por Calixto Torres Umaña, prestigioso médico e Isabel Restrepo Gaviria, madre consagrada que lo acompañó hasta el último momento de su vida, pues cuando Camilo se incorporó a la guerrilla mantuvo contacto epistolar con él. Después de su muerte se dedicó a promover su pensamiento revolucionario y de cambio social.

Vivió con su familia en Europa entre 1931 y 1934. Fue bachiller del Liceo Cervantes de Bogotá en 1946. Después ingresó al Seminario Conciliar. Se ordenó sacerdote en 1954 y luego viajó a Bélgica a estudiar sociología en la Universidad de Lovaina donde se graduó sociólogo en 1958, como aventajado alumno, con la presentación de la tesis “Una aproximación estadística a la realidad socioeconómica de Bogotá”. Dicho trabajo fue publicado en 1987 con el título de “La proletarización de Bogotá”. En 1959 fue designado capellán de la Universidad Nacional y al año siguiente, con Orlando Fals Borda, fundó la facultad de sociología de la cual fue profesor. En ella se formaron numerosos estudiantes, algunos convertidos en cuadros revolucionarios, que se vincularon a organizaciones de izquierda y a las filas guerrilleras.

Colaboró con monseñor Germán Guzmán Campos en la elaboración del texto histórico “La violencia en Colombia” e hizo parte de la Junta Directiva del Instituto Nacional de Reforma Agraria (Incora) donde libró duras batallas políticas con los latifundistas y opositores a una reforma agraria democrática y en favor del campesinado.

Los líos con la jerarquía

Muy temprano surgieron las contradicciones con la jerarquía de la Iglesia Católica y en particular con el cardenal y arzobispo de Bogotá Luis Concha Córdoba, quien le censuraba sus críticas al gobierno y al sistema dominante colombiano. Era una discusión de fondo y un debate sobre la necesidad de que la Iglesia fuera en realidad de los pobres y no de las poderosas élites del poder. “Torres Restrepo quería que la Iglesia se reformara, que cumpliera un papel más social, en beneficio de los más necesitados, y en aras de tal ideal muchas de sus actuaciones públicas parecían turbulentas y llegaron a entorpecer las armónicas relaciones entre el poder civil y el eclesiástico”, dice José Eduardo Rueda Enciso.

Pero el más importante legado de Camilo Torres Restrepo fue la creación del Frente Unido, al cual se vinculó, desde su fundación, el Partido Comunista de Colombia como se llamaba entonces. El sacerdote estuvo en la sede del Comité Central, al lado de Gilberto Vieira y otros dirigentes comunistas. Fueron célebres sus declaraciones en contra del anticomunismo y en favor de su fraterna relación con los comunistas, así como planteó sin ambages que era viable la relación entre marxistas y católicos.

Álvaro Marroquín y María Arango, militantes de la JUCO y luego del Partido Comunista (Marroquín fue jefe de redacción de VOZ), acompañaron a Camilo en todos sus desplazamientos por el país. María fungía como su secretaria. Cuando ambos le plantearon que querían que los uniera en el sacramento del matrimonio, Camilo se negó porque sería una farsa: “Ustedes son ateos marxistas”, les argumentó. Mario Upegui Hurtado, conocido líder de los destechados, fue coordinador de escoltas del sacerdote, labor que este quiso la asumiera el Partido Comunista por la disciplina y firmeza de sus militantes.

El Frente Unido fue un proyecto revolucionario de unidad de la izquierda al que también se vincularon organizaciones como la Democracia Cristiana de efímera participación, porque pudo más la presión de sus dirigentes derechistas, incómodos por la presencia del Partido Comunista.

El Frente Unido

El nuevo movimiento atrajo la atención de las masas populares. La gira nacional de Camilo convocó a gigantescas movilizaciones en ciudades y regiones agrarias en medio de la represión “frentenacionalista”. Se presentaron duros enfrentamientos con la fuerza pública que quería disolver a garrote las manifestaciones.

El movimiento publicó un periódico que se llamó “Frente Unido” y un tema de contradicción fue el abstencionismo que invadió a Camilo bajo enorme presión de sectores extremoizquierdistas. Sin embargo, era un proyecto de enormes posibilidades ante el auge revolucionario y de cambio que recorría a Colombia.

Después de la muerte de Camilo el Frente Unido se fue disolviendo en medio de discusiones, debates ideológicos internos y contradicciones entre sus integrantes, la ausencia de su fundador que era factor de cohesión fue definitiva. El anticomunismo radical de ciertos sectores extremistas hizo imposible su continuidad.

El ejemplo del “cura guerrillero” llevó a que sacerdotes españoles y colombianos se vincularan a las filas guerrilleras como Manuel Pérez y Domingo Laín. También “monjitas rebeldes” como fue el caso de la admirable Leonor Esguerra Rojas, durante 20 años militante del ELN.

La memoria de Camilo Torres está intacta. Es una de las figuras emblemáticas del movimiento revolucionario. Como en la célebre canción del inolvidable Víctor Jara: “Donde cayó Camilo nació una cruz, pero no de madera sino de luz, lo mataron cuando iba por su fusil, Camilo Torres muere para vivir”.

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