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Sinceramente

El documental “Fin de año con las FARC” ha sido un gran acierto y por ello su exitosa difusión por las redes. Una buena oportunidad para escuchar a la guerrillerada de base y a mandos medios; cuando los focos, por obvias razones, suelen centrarse en los mandos superiores.

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Jaime Cedano Roldán

Sinceramente, así, con ese particular acento que nos encantaba escucharle a Primitivo Sierra en las tierras del norte del Tolima, es la afirmación con mayor claridad que hemos conocido para explicar el proceso de transformación de las FARC-EP de actor político-militar a protagonista político y social. Y mire que en temas de pos conflicto, reconciliaciones y reformas estructurales hemos escuchado y leído a diversos politólogos y analistas, algunos de los cuales hacen por estos días complicados malabares políticos para proponer gabinetes de paz, atrevidos co-gobiernos de transición y otras fórmulas para buscar garantizar el cumplimiento de las reformas económicas, políticas y sociales que se acuerden y en la idea cierta de que la paz es el proyecto colectivo más importante de toda la sociedad colombiana.

Mientras ayudaba a preparar las masas para los tamales y buñuelos navideños, una guerrillera de evidente origen campesino lo fue soltando con natural sencillez y frescura: “no nos vamos a desmovilizar, vamos es a movilizarnos”. Y desarrolla la idea con una inocultable cara de esperanza. Movilizarse con las comunidades donde siempre han estado trabajando o porque allí llegaron o porque allí nacieron. Movilizarse con los acuerdos como expresión de la palabra empeñada. Para que hayan escuelas, hospitales, créditos, asesorías, carreteras, tierra, democracia participativa y tantas otras necesidades aplazadas y tantos sueños frustrados. Saben que no será fácil, que las oligarquías colombianas llevan dos siglos trampeando acuerdos desde los tiempos de la engañada al comunero José Antonio Galán.

El documental “Fin de año con las FARC” ha sido un gran acierto y por ello su exitosa difusión por las redes. Una buena oportunidad para escuchar a la guerrillerada de base y a mandos medios; cuando los focos, por obvias razones, suelen centrarse en los mandos superiores. Quizás el momento no sea exactamente el de pensar en gabinetes o co-gobiernos de paz. Por lo menos no con quienes están feriando el patrimonio público, minando lo desminado, cerrando los ojos frente al paramilitarismo y llevando a la gente a condiciones de vida de desespero y angustia.

Ese llamado a la movilización expresado a orillas de un río chocoano encierra la esencia de las necesidades del momento y el sentido más profundo del proceso de paz en la idea de ese “medio ambiente” de que hablara Jacobo Arenas o de esas alamedas que Allende anunciara. El reciente encuentro de la izquierda para hablar de paz y unidad y los preparativos de un Paro Nacional parecen apuntar en esa dirección.

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